Mis ventanales reflejaron por primera vez el atardecer anaranjado recubierto por nubarrones blanquecinos. Fue tan bella la primavera. Recuerdo vagamente la silueta del sol destellando detrás de los árboles, como si la naturaleza me guiñara un ojo. La paz era tan perfecta. ¡Qué podría decir de mí jardín! Además de que era una edén joven… Sigue leyendo Entre mis cuartos abandonados
